Me cuesta mucho trabajo aceptar que en el barrio
Teusaquillo de Bogotá, en el Parque Brasil (construido por ese país
suramericano), exista un busto en homenaje al jurista y diplomático brasileño, JOSÉ
MARÍA DA SILVA PARANHOS (Junior), Barón del Río Branco (1845-1912). Este señor
es reverenciado en Brasil como uno de los pro hombres de esa patria, con el
título de “PATRONO DE LA DIPLOMACIA Y DEFENSOR DE LA SOBERANÍA DE BRASIL”.
Diplomático muy hábil y versado, que logró recortar el mapa a las siguientes
naciones: Guyana Francesa, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Argentina y Paraguay, siempre
a favor de la enorme república brasileña. Y todo ello sin disparar un solo
tiro, en el campo de la democracia y el entendimiento. DA SILVA tuvo mucho que
ver con la pérdida del equivalente a dos departamentos amazónicos colombianos,
a favor del Brasil también, con la firma de los tratados fronterizos: VÁSQUEZ
COBO – MARTINS (1907) y GARCÍA ORTIZ MANGABEIRA (1929), porque la política
geofágica de hacer presencia militar en territorios en disputa para después
alegar posesión legal sobre ellos, era la estrategia favorita de JOSÉ MARIA DA
SILVA. Y nuestro país la sufrió en carne propia.
¿REVERENCIAMOS EN COLOMBIA AL
QUE ORQUESTÓ LA DIPLOMACIA QUE NOS QUITÓ TIERRAS? No entiendo esta extraña
lógica, arrodillada ante el extranjero. Si yo fuera presidente de Colombia
arrancaba ese indigno busto y se los mandaba a Brasilia para que le dieran
mejor uso. No debe estar en Colombia, por dignidad nacional. Esa es mi forma de pensar
al respecto.
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